Xabier Saez de Gorbea

Xabier Saez de Gorbea (diario DEIA)

METAFÍSICA DE LA PERCEPCIÓN

BILBAO. EL concurso de pintura que desde 1999 organiza el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos del País Vasco alcanza la séptima edición. La exposición de las nueve obras galardonadas y seleccionadas puede observarse hasta el 22 de junio en Ajuriaguerra, 35. El certamen es bianual y recupera el pulso tras un corto paréntesis de un año. No llama demasiado la atención, pero sin embargo tiene interés y hace patente los desarrollos creativos contemporáneos.

En su trayectoria han sido premiados creadores tan significados como José Ramón Amondarain, Luis Candaudap, Ana Román, Iñaki Gracenea, Abigail Lazkoz o más recientemente el joven Alain Urrutia. Una conjunción entre autores reconocidos y recién llegados cuyo crecimiento artístico sigue siendo muy relevante.

El jurado de esta convocatoria apuesta por la figuración con una rara unanimidad que no suele ser demasiado frecuente. La mayoría de los trabajos transitan entre una cierta hiperrealidad y una metafísica de la percepción. Planteamientos que se manifiestan especialmente en los premios que han recaído ex aequo en las obras de Koldo Etxebarria y Luis Miguel Gómez González (3.750 euros, para cada uno). Las dos dialogan entre sí. Los medios empleados son diversos, pero las consecuencias no difieren demasiado. El primero utiliza los nuevos recursos electrónicos, mientras que el segundo sigue aplicando las técnicas habituales. En ambos casos se trata de reflexionar sobre la mirada y de auspiciar una observación detenida y prolongada. Son escenas de formato cuadrado que exigen una concentración y donde el tiempo se detiene hasta evaporarse con lo ausente. Nada de ir de prisa ni pasar de largo, sino el poso de un silencio compartido que es gozosamente transmitido. La perfecta delimitación de lo realizado no obliga a reconocer ni a interpretar sino a penetrar en cada perspectiva e ir más allá. Es lo que se ve, pero también es mucho más que el esfuerzo de un logro, el límite de un pensar cuya transmisión culmina en el espectador.

La noción de lo que significa percibir se experiencia en ambos. Koldo Etxebarria propone penetrar en la perspectiva de quien observa a través de una cristalera cuyo escape es el infinito y al mismo tiempo representa otro cuadro dentro del cuadro. Un Rothko cuya abstracta alusión espiritual a ir más allá de lo palpable está en sintonía con el conjunto de la “realista” composición. Luis Miguel Jiménez es más tradicional, elige el orden de la simetría y usa el equilibrio armónico de la soledad. Muestra un espacio interior sin presencia humana que se abre al exterior por medio de tres generosos ventanales cuyo paisaje se percibe y también se adivina en el nítido reflejo que se proyecta sobre el brillante suelo. El rigor de un orden cuya perspectiva parece profundizar en las construcciones plásticas que realizó Darío Urzay a comienzos de los ochenta.

La mención honorífica de Mikeldi Pérez Urkijo (1983) ausculta también lo visible pero lo interrumpe con un ejercicio estético de estilizadas barras verticales que genera una mirada unitaria al mismo tiempo que fragmentada. El título resulta todo un homenaje a Andrei Tarkovski, cuyo fotograma de la película Zerkalo ha sido el punto de partida para la vibración óptica de la superficie y de la representación. Un lejano sky line cuya borrosidad no solo obliga a la vista sino que la estabiliza pese a su nebulosa presencia.

Las preferencias se decantan por el riesgo de alejarse del lenguaje reconocible y establecido. Un plus de creatividad que no redime el análisis ni la reflexión. Es el caso de la pintura seleccionada de Luis Candaudap. Denominada Picasso comunista II, propone una mirada

al pasado que no resulta anacrónica ni evasiva respecto a lo que acontece en la actualidad. Revisión de la pintura que se deconstruye y se alimenta de la abstracción y la figuración, de la energía de la mancha y de la concreción de lo efigiado. Panorama que acaba centrándose en la ilustración de un casco alemán que porta una insignia con los colores rojigualdos. Ambigua pero significada revisión de las ideologías artísticas y políticas, cuyas consecuencias parecen conducir a la pasión desbordada de una derrota.

Con En las nubes de Jorge Rubio se admira la claridad pictórica y el control compositivo del espacio. La poesía de lo que no se alcanza a comprender del todo como se manifiesta en el trabajo de Alfonso Gortázar. La diferencia estriba en el pulido tratamiento de lo representado y en la ruptura de la unidad espacio temporal de la escena. Una superpuesta silueta lineal cuya latencia ecléctica genera sugerencias y connotaciones.

La pintura de Ismael Iglesias representa a una página repleta de tachones con los que parece homenajear a Joseph Kosuth. Como el norteamericano, oblitera la mayor parte de los textos y deja al descubierto tan solo la lectura de La fin du langage. Frase que da título al cuadro y que ofrece el análisis de un sentido complejo y paradójico.

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