Koldo Etxebarria

DIFERENCIA Y UNIDAD
(Exposición sala Arostegi-Bergara)

En este proyecto recuperamos una cuestión muy importante en el arte Contemporáneo y en el nos hemos basado a la hora de plantear la exposición: La unidad que subyace detrás de las diferencias. Se trata de volver la mirada al origen del proceso creativo, ya que habitualmente estamos en las formas y olvidamos la fuente que nos mueve a la creación de objetos artísticos.
Hay una realidad detrás de las distintas formas que se dan en el arte. Se trata de postulados que planteó Platón y luego los neoplatónicos, seguidos por pensadores contemporáneos como Jean Klein, Ken Wilber o Consuelo Martin entre otros.
Esa realidad está hecha de inteligencia y belleza, que es donde se fraguan todos los procesos creativos. Es ahí donde está la unidad.
De esa manera planteamos esta exposición como una experiencia que podemos reflexionar sobre esa unidad donde está el origen de las formas que planteamos los tres artistas.
La diferencia hace alusión a los aspectos formales de procedimientos y elementos ideológicos que se dan en el mundo del arte. Esta exposición es un ejemplo de ello:

Por un lado está Julio Mendikute con el uso de una técnica muy personal denominada quimigrama. Consiste en una imagen creada por la acción de la luz, por el revelador y fijador sobre papel fotográfico sin utilización de cámara. Este es un proceso que permite experimentar la creación de imágenes, pintando con los químicos fotográficos en un soporte fotosensible a la luz. Sus trabajos presentan imágenes con gran fuerza vital. Contienen una atractiva impulsividad pasional y expresiva, que nos llevan a espacios emocionales.

Por otra parte Jon Azofra con sus fotografías para esta exposición pretende expresar que las formas clásicas en fotografía no son la única manera de mostrar los mundos no sensoriales, por ejemplo los del espíritu humano. Sus fotografías captan los paisajes de la ciudad, en la que el hombre va dejando sin saberlo su huella más personal con cada construcción y detalle. Quien la visita y percibe como creador de imágenes dialoga con ella y se proyecta al contemplarla. Las fotos expuestas son el resultado.

Por último Koldo Etxebarria investiga en la realidad metafísica del ser humano. Este es un estado interior hecho de gozo poético, y armonía. Se manifiesta en la mirada amorosa de la actitud contemplativa. Y que se realiza con esa mirada amorosa. Para evocar esa realidad, crea con su obra espacios habitados vacíos de anécdota y narración, donde el silencio envuelve el espacio. La luz acoge al ser humano en actitud contemplativa. Sus imágenes realizadas con tecnología 3D tratan de apuntar y evocar esa dimensión metafísica.

Como se puede ver los tres artistas integrantes de este proyecto tenemos diferencias conceptuales y formales. Pero las distintas formas visuales no tienen realidad en sí. La realidad es la belleza y ésta no está en el objeto artístico sino en el sujeto contemplador o creador de la obra de arte. Las formas son proyecciones que hace la inteligencia de quien las mira. Desde Platón y los neoplatónicos se ha hablado de la mente contemplativa. La mente que está mirando directamente a lo que muestra la inteligencia.

Lo que planteamos en esta muestra es poner de manifiesto que existe esa unidad que existe detrás de los distintos proyectos individuales. En este caso nos interesa recalcar que la belleza no tiene forma, ya que es un estado de la conciencia, no un objeto creado por ella. Y reside en el contemplador y no en el objeto de arte.
Realmente es una cuestión muy interesante ya que no se queda en pura teoría, sino que la belleza nos va llevando a nuestro origen. Como decía Consuelo Martin ” cuando la belleza me va llevando a la realidad profunda, que está detrás de las formas, me está llevando a mí mismo, a lo que verdaderamente soy”. En ese sentido Jean Klein apunta en la misma dirección: “Nuestra naturaleza y la verdadera naturaleza de la obra de arte son una y la misma cosa…El arte nos despierta a nosotros mismos…El ser humano ama la belleza porque esta se hace eco de su propia belleza”.

En esa belleza está la unidad ya que es nuestro ser, nuestra conciencia. De ella salen todas las formas con sus diferencias. La obra de arte es una proyección de esa estética interior. Cuando se siente la estética se vuelve a la conciencia sobre sí misma y se queda en la estética. Sin importar las formas artísticas que lo han provocado. La poética que vemos fuera la está proyectando la poética que somos. La obra de arte no es más que un juego de sombras para que proyectemos la estética que viene desde lo profundo de nuestro ser. Cuando reconocemos la armonía en una obra de arte, es importante diluirnos en ella.
Desde el objeto de arte tenemos que girar hacia la estética misma, y quedarnos en ese estado. El ser humano no es alguien que añora la belleza de una obra de arte. Somos estética. En la contemplación de esa belleza que somos se mantiene la unidad de todas las formas artísticas.

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